Thursday, December 17, 2015

La navegación vikinga



Para entender el éxito (tanto militar como en todos los aspectos) de los vikingos debemos prestar atención a sus embarcaciones, que sin duda alguna les dieron una ventaja tecnológica imprescindible.

Las naves vikingas tenían diferentes formas y tamaños, aunque siempre hubo una distinción muy clara entre lo que eran embarcaciones preparadas para la guerra y las que estaban destinadas a la carga o el comercio e intercambio de productos. Todas ellas estaban construidas con largas planchas de madera solapadas unas sobre otras y clavadas a una banda de madera. La madera utilizada para la construcción de estas naves era principalmente el roble y el pino. Eran ligeras y fuertes, pero también flexibles.

Las naves diseñadas para la guerra estaban perfectamente pensadas para cumplir su función: Eran naves largas, las llamadas snekkja en tiempos de los vikingos. Eran movidas a remo. Estas naves, llamadas “long ships” podían variar dependiendo de la función. Eran rápidas y fáciles de mover a remo por ser ligeras. Al ser tan estrechas podían moverse rápidamente sobre el agua, ya que cortaban el agua. A bordo se alojaban unas 60 personas, que se dividían en dos turnos de 30 personas para remar, alternándose para descansar. El mástil era sencillo de subir y bajar. Además de ser movidas a remo, lo que facilitaba el movimiento en dirección opuesta al viento y maniobrar en espacios reducidos, también podían moverse con velas, lo que permitía los viajes en mar abierto. Había tipos y subtipos de naves militares, dependiendo del tamaño; algunos de ellos fueron, los karvi, Skeid o los famosos drakkars


  • Karvi: barcos de pequeño tamaño, usados a modo de apoyo

  • Skeid: podía albergar hasta 60 remos, y medía 30 metros de longitud. Eran muy livianos, con lo cual no necesitaban puertos donde atracar y podían ser transportados por tierra.

  • Drakkar: todo un símbolo vikingo, los drakkars eran los buques insignia de reyes o jefes. Eran naves largas y estrechas (hasta 48 metros), con remos que ocupaban casi toda la longitud del casco. Su tripulación podía llegar a los 200 guerreros. Los extremos, en proa y poca estaban decorados por esculturas talladas en madera, normalmente una cabeza de dragón, cabezas de toro, serpientes o gusanos.

Las naves mercantiles no eran tan estrechas, eran más anchas y las paredes de los lados eran más altas. Esto reducía la facilidad de maniobra con remos, pero tenía un mástil más alto que iba fijado al suelo y que permitía tener más vela. Así, con sólo 6 o 7 hombres se podía llevar hasta 5 toneladas de carga y transportarla 1500 millas en tan solo 15 días y buenas condiciones climáticas. Aunque la nave mercante era algo más baja en el centro, tenía los extremos apuntados para evitar las filtraciones de agua procedentes de las olas.

Las naves se controlaban todas con un grueso timón de madera, corto y fijado a la derecha de la nave. Aunque se duda acerca de la manera que pudieron tener para orientarse en mar abierto, contaban con elementos como la piedra Cordierit, que cambiaba de coloración cuando se colocaba en ángulo recto con el sol; esto les daría un conocimiento aproximado acerca de dónde se encontraba el sol. Conociendo la posición del sol y con algo de sentido común, no sería difícil hacer algunos cálculos de trayectoria; además, las distancias recorridas no solían ser muy grandes y siempre esperaban a que las condiciones fueran favorables.

Aunque se podía navegar con el viento en contra, se evitaba en la medida de lo posible y se esperaba a que los vientos fueran navegables para poder zarpar. En primavera, los vientos del este propiciaron los viajes hacia las islas británicas, las Féroe e Islandia, e incluso Groenlandia y América. Los vientos del oeste en otoño los traía de vuelta a Noruega y Dinamarca.

La peculiar manera de construir las naves (pegando y superponiendo planchas de madera una encima de las otras) es lo que les dio la ventaja con respecto a otro tipo de embarcaciones, ya que las hacía más ligeras, más fuertes, flexibles y más fáciles de botar. Además, esta forma de construir evitaba las filtraciones de agua que sí se producen por el impacto de las olas en otras embarcaciones de la época.
Sin embargo, esta técnica pone automáticamente un límite al tamaño de las embarcaciones ya que, si es demasiado grande, se doblará demasiado y acabará rompiéndose. Aunque se tiene constancia de que se hayan construido naves grandes, sólo eran seguras en aguas muy tranquilas, nunca en mar abierto.

Fuentes:

BINNS, Alan: Viking Ships and Seafaring, Jorvik Viking Centre 
http://jorvik-viking-centre.co.uk/wp-content/uploads/2012/10/Viking-Ships-and-Seafaring.pdf

ALAIMO, Salvador (2008): Vikingos, Boletín del Centro Naval de la República Argentina, nº 821
http://www.centronaval.org.ar/boletin/BCN821/821alaimo.pdf

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