Para entender el éxito (tanto
militar como en todos los aspectos) de los vikingos debemos prestar atención a
sus embarcaciones, que sin duda alguna les dieron una ventaja tecnológica
imprescindible.
Las naves vikingas tenían
diferentes formas y tamaños, aunque siempre hubo una distinción muy clara entre
lo que eran embarcaciones preparadas para la guerra y las que estaban
destinadas a la carga o el comercio e intercambio de productos. Todas ellas
estaban construidas con largas planchas de madera solapadas unas sobre otras y
clavadas a una banda de madera. La madera utilizada para la construcción de
estas naves era principalmente el roble y el pino. Eran ligeras y fuertes, pero
también flexibles.
Las naves diseñadas para la
guerra estaban perfectamente pensadas para cumplir su función: Eran naves
largas, las llamadas snekkja en tiempos de los vikingos. Eran movidas a remo. Estas naves, llamadas “long ships” podían variar dependiendo de
la función. Eran rápidas y fáciles de mover a remo por ser ligeras. Al ser tan
estrechas podían moverse rápidamente sobre el agua, ya que cortaban el agua. A
bordo se alojaban unas 60 personas, que se dividían en dos turnos de 30
personas para remar, alternándose para descansar. El mástil era sencillo de
subir y bajar. Además de ser movidas a remo, lo que facilitaba el movimiento en
dirección opuesta al viento y maniobrar en espacios reducidos, también podían
moverse con velas, lo que permitía los viajes en mar abierto. Había tipos y
subtipos de naves militares, dependiendo del tamaño; algunos de ellos fueron,
los karvi, Skeid o los famosos drakkars:
- Karvi: barcos de pequeño tamaño, usados a modo de apoyo
- Skeid: podía albergar hasta 60 remos, y medía 30 metros de longitud. Eran muy livianos, con lo cual no necesitaban puertos donde atracar y podían ser transportados por tierra.
- Drakkar: todo un símbolo vikingo, los drakkars eran los buques insignia de reyes o jefes. Eran naves largas y estrechas (hasta 48 metros), con remos que ocupaban casi toda la longitud del casco. Su tripulación podía llegar a los 200 guerreros. Los extremos, en proa y poca estaban decorados por esculturas talladas en madera, normalmente una cabeza de dragón, cabezas de toro, serpientes o gusanos.
Las naves mercantiles no eran tan
estrechas, eran más anchas y las paredes de los lados eran más altas. Esto
reducía la facilidad de maniobra con remos, pero tenía un mástil más alto que
iba fijado al suelo y que permitía tener más vela. Así, con sólo 6 o 7 hombres
se podía llevar hasta 5 toneladas de carga y transportarla 1500 millas en tan
solo 15 días y buenas condiciones climáticas. Aunque la nave mercante era algo
más baja en el centro, tenía los extremos apuntados para evitar las
filtraciones de agua procedentes de las olas.
Las naves se controlaban todas
con un grueso timón de madera, corto y fijado a la derecha de la nave. Aunque
se duda acerca de la manera que pudieron tener para orientarse en mar abierto,
contaban con elementos como la piedra Cordierit, que cambiaba de coloración
cuando se colocaba en ángulo recto con el sol; esto les daría un conocimiento
aproximado acerca de dónde se encontraba el sol. Conociendo la posición del sol
y con algo de sentido común, no sería difícil hacer algunos cálculos de
trayectoria; además, las distancias recorridas no solían ser muy grandes y
siempre esperaban a que las condiciones fueran favorables.
Aunque se podía navegar con el
viento en contra, se evitaba en la medida de lo posible y se esperaba a que los
vientos fueran navegables para poder zarpar. En primavera, los vientos del este
propiciaron los viajes hacia las islas británicas, las Féroe e Islandia, e
incluso Groenlandia y América. Los vientos del oeste en otoño los traía de
vuelta a Noruega y Dinamarca.
La peculiar manera de construir
las naves (pegando y superponiendo planchas de madera una encima de las otras)
es lo que les dio la ventaja con respecto a otro tipo de embarcaciones, ya que
las hacía más ligeras, más fuertes, flexibles y más fáciles de botar. Además,
esta forma de construir evitaba las filtraciones de agua que sí se producen por
el impacto de las olas en otras embarcaciones de la época.
Sin embargo, esta técnica pone
automáticamente un límite al tamaño de las embarcaciones ya que, si es
demasiado grande, se doblará demasiado y acabará rompiéndose. Aunque se tiene
constancia de que se hayan construido naves grandes, sólo eran seguras en aguas
muy tranquilas, nunca en mar abierto.
Fuentes:
BINNS, Alan: Viking Ships and Seafaring, Jorvik Viking Centre
http://jorvik-viking-centre.co.uk/wp-content/uploads/2012/10/Viking-Ships-and-Seafaring.pdf
ALAIMO, Salvador (2008): Vikingos, Boletín del Centro Naval de la República Argentina, nº 821
http://www.centronaval.org.ar/boletin/BCN821/821alaimo.pdf